Amiga mía,
hoy me encuentro en uno de esos días en los que me apetece más de todo. Estar más tiempo bajo la ducha, sentir como arde cada gota de agua y quema mi piel, mientras a través de la ventana, el mismo agua hiela corazones, hoy me apetece estar más tiempo despierta, me apetece después de un bol de palomitas, comerme otro...me apetece apetecerme mucho más.
Hoy lancé un silencio de armonía al universo y él me respondió con uno de los días lluviosos más bellos que recuerdo.
Me apetece iniciar contigo toda una correspondencia epistolar, como antaño hacían todos esos con los que hoy también me hubiera gustado tomarme un cafelito, porque, hoy, también hubiera sido un día de café, aunque haga años que no lo tomo.
Y miles y miles de cartas que lleguen a enterrarme, lápida de palabras, qué sepultura más ansiada...y quiero y me apetecen más y más palabras, verlas como salen de mí y juegan entre ellas, juntándose a su antojo para descubrirme que existencia les esperaba.
Y con los años poder en una cajita reservada, guardar este pequeño gran tesoro que forjó nuestra pluma, abrirla cuando piense que ya la he olvidado y que todas esas palabras que de mí, de ti salieron, se junten, jueguen y vuelvan a mí, devorarlas y tragármelas.
Hoy, ya no es hoy, si no mañana, y mañana volveré a contarte amiga mía como me encuentro.
A la espera de tu día, se despide la que te acompaña.
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