He de hablaros de aquella que con su imborrable hechizo me ha convertido en una cazadora de recuerdos.
He de confesaros que con la savia de su eco ha construido una morada donde guiñan los destellos de sus amapolas,y éstas son el refugio para mi afonía.
La acróbata de mareas de la que os hablo es habitante de la vereda estrellada,infranqueable cabalgata para los prudentes y juiciosos.
Creo en el enigma de su enjambre de señales.
Creo en el cosmos de su sí.Y creo en la muralla de su no.
Admiro los versos de su descaro,aplaudo el descaro de sus versos y necesito transitar por ellos.
Es necesidad imperativa para mí construir un monolito para honrar la insurrección de sus rugidos.
Creo en la pócima que resulta de sus cosechas,porque he experimentado el resplandor de sus astros,consecuencia de ingerir tan exquisito brebaje.
Creo en el balneario de sus descensos y en la ventisca de sus cimas.
Mi silencio se conjuga con el pronunciar de su oráculo. .
viernes, 17 de abril de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
UN MOMENTO
Como quien cierra el puño creyendo haber atrapado un poco de aire y de repente escucha al aire gritar:
-¡Me estoy ahogando!
Lo ama tanto que no soporta poder hacerle mal y abre su puño y cree que por ello le ofreció la libertad. No obstante, ¿es cierto que lo retuvo, que le perteneció en algún momento?
Sólo había que encontrar al Momento. Estaría jugando al escondite, era sencillo, sólo había que dar con el rincón en donde se estaba ocultando, porque estaba seguro, el Momento existía, él lo había conocido.
Atravesando invisibles fronteras de asfalto caminaba el vagabundo, cegado por su búsqueda del Momento.
De noche, únicamente iluminado por farolas-sol que pintaban de un amarillo nocturno la atmósfera del cuadro donde vivía y que a su vez servían de mesa aérea para aquellos mosquitos que como cada noche se reunían a jugar al póquer.
El vagabundo acompañado de piedras, hojas, hormigas y de un recuerdo…aquella estrella rubia con el cabello azul que le guió durante algunos pasados…caminaba, cada paso vomitaba un destello azul que dejaba dibujada una huella. Caminaba, sobre un mar de adoquines esmaltados de estrellas donde se cruzó a un lagrimal que nadaba suelto. Desesperado le preguntó:
-¿Has visto al Momento?
-¿A cuál de todos? Yo busco al Momento donde fui parte de un todo. ¿Tú, a cuál buscas?
-¿Yo? Yo busco al Momento donde perdí un beso.
Se miraron. Continuaron. Separados.
Su alimento, su búsqueda.
Cansado decidió sentarse en unos cojines de canicas que se sostenían en el aire, allí al fondo del camino que había hecho, allí se quedó sentado, bañándose en una cascada de purpurina que cerraba su lienzo.
No supo nunca porqué, pero alzó la vista…observó todo el camino de huellas azules que habían creado sus pasos.
Allí, allí, en cada una, estaba un pedazo del Momento que se escondía dentro de él.
¿El beso? Perdido, esparcido, derramado en él.
-¡Me estoy ahogando!
Lo ama tanto que no soporta poder hacerle mal y abre su puño y cree que por ello le ofreció la libertad. No obstante, ¿es cierto que lo retuvo, que le perteneció en algún momento?
Sólo había que encontrar al Momento. Estaría jugando al escondite, era sencillo, sólo había que dar con el rincón en donde se estaba ocultando, porque estaba seguro, el Momento existía, él lo había conocido.
Atravesando invisibles fronteras de asfalto caminaba el vagabundo, cegado por su búsqueda del Momento.
De noche, únicamente iluminado por farolas-sol que pintaban de un amarillo nocturno la atmósfera del cuadro donde vivía y que a su vez servían de mesa aérea para aquellos mosquitos que como cada noche se reunían a jugar al póquer.
El vagabundo acompañado de piedras, hojas, hormigas y de un recuerdo…aquella estrella rubia con el cabello azul que le guió durante algunos pasados…caminaba, cada paso vomitaba un destello azul que dejaba dibujada una huella. Caminaba, sobre un mar de adoquines esmaltados de estrellas donde se cruzó a un lagrimal que nadaba suelto. Desesperado le preguntó:
-¿Has visto al Momento?
-¿A cuál de todos? Yo busco al Momento donde fui parte de un todo. ¿Tú, a cuál buscas?
-¿Yo? Yo busco al Momento donde perdí un beso.
Se miraron. Continuaron. Separados.
Su alimento, su búsqueda.
Cansado decidió sentarse en unos cojines de canicas que se sostenían en el aire, allí al fondo del camino que había hecho, allí se quedó sentado, bañándose en una cascada de purpurina que cerraba su lienzo.
No supo nunca porqué, pero alzó la vista…observó todo el camino de huellas azules que habían creado sus pasos.
Allí, allí, en cada una, estaba un pedazo del Momento que se escondía dentro de él.
¿El beso? Perdido, esparcido, derramado en él.
EL TIEMPO
El Tiempo transcurre sigiloso mientras nosotros portadores del caos del bullicio avanzamos ajenos y sordos a Èl.
Pero, algo ocurre cuando muy rara vez tomamos conciencia de estar dentro de Èl, esa inquietud, esas entrañas que se asfixian al sentir que le pertenecemos, somos de Èl.
Su eternidad hiere a nuestras mentes, creyentes de superficies, que se piensan inmortales.
Y es ante este descubrimiento cuando al sabernos tan frágiles, intentamos atraparlo mientras Èl se escurre de nosotros diciéndonos:
-No intentéis apresarme, yo siempre estoy, soy eterno.
Y es entonces cuando dejo de mirarle para mirarme a mí misma. Y es entonces, cuando me abrazo, cuando empiezo a amar mi fragilidad.
Cuando comienzo a compartirme y repartirme despedazada en infinitos hilos. Mi yo, tejido de amor, empieza a acariciar a mis seres especiales, a mimar mis momento-burbuja, a defender mi tiempo en el Tiempo.
Comienzo a elegir.
Pero, algo ocurre cuando muy rara vez tomamos conciencia de estar dentro de Èl, esa inquietud, esas entrañas que se asfixian al sentir que le pertenecemos, somos de Èl.
Su eternidad hiere a nuestras mentes, creyentes de superficies, que se piensan inmortales.
Y es ante este descubrimiento cuando al sabernos tan frágiles, intentamos atraparlo mientras Èl se escurre de nosotros diciéndonos:
-No intentéis apresarme, yo siempre estoy, soy eterno.
Y es entonces cuando dejo de mirarle para mirarme a mí misma. Y es entonces, cuando me abrazo, cuando empiezo a amar mi fragilidad.
Cuando comienzo a compartirme y repartirme despedazada en infinitos hilos. Mi yo, tejido de amor, empieza a acariciar a mis seres especiales, a mimar mis momento-burbuja, a defender mi tiempo en el Tiempo.
Comienzo a elegir.
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