He de hablaros de aquella que con su imborrable hechizo me ha convertido en una cazadora de recuerdos.
He de confesaros que con la savia de su eco ha construido una morada donde guiñan los destellos de sus amapolas,y éstas son el refugio para mi afonía.
La acróbata de mareas de la que os hablo es habitante de la vereda estrellada,infranqueable cabalgata para los prudentes y juiciosos.
Creo en el enigma de su enjambre de señales.
Creo en el cosmos de su sí.Y creo en la muralla de su no.
Admiro los versos de su descaro,aplaudo el descaro de sus versos y necesito transitar por ellos.
Es necesidad imperativa para mí construir un monolito para honrar la insurrección de sus rugidos.
Creo en la pócima que resulta de sus cosechas,porque he experimentado el resplandor de sus astros,consecuencia de ingerir tan exquisito brebaje.
Creo en el balneario de sus descensos y en la ventisca de sus cimas.
Mi silencio se conjuga con el pronunciar de su oráculo. .
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