El Tiempo transcurre sigiloso mientras nosotros portadores del caos del bullicio avanzamos ajenos y sordos a Èl.
Pero, algo ocurre cuando muy rara vez tomamos conciencia de estar dentro de Èl, esa inquietud, esas entrañas que se asfixian al sentir que le pertenecemos, somos de Èl.
Su eternidad hiere a nuestras mentes, creyentes de superficies, que se piensan inmortales.
Y es ante este descubrimiento cuando al sabernos tan frágiles, intentamos atraparlo mientras Èl se escurre de nosotros diciéndonos:
-No intentéis apresarme, yo siempre estoy, soy eterno.
Y es entonces cuando dejo de mirarle para mirarme a mí misma. Y es entonces, cuando me abrazo, cuando empiezo a amar mi fragilidad.
Cuando comienzo a compartirme y repartirme despedazada en infinitos hilos. Mi yo, tejido de amor, empieza a acariciar a mis seres especiales, a mimar mis momento-burbuja, a defender mi tiempo en el Tiempo.
Comienzo a elegir.
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