Como quien cierra el puño creyendo haber atrapado un poco de aire y de repente escucha al aire gritar:
-¡Me estoy ahogando!
Lo ama tanto que no soporta poder hacerle mal y abre su puño y cree que por ello le ofreció la libertad. No obstante, ¿es cierto que lo retuvo, que le perteneció en algún momento?
Sólo había que encontrar al Momento. Estaría jugando al escondite, era sencillo, sólo había que dar con el rincón en donde se estaba ocultando, porque estaba seguro, el Momento existía, él lo había conocido.
Atravesando invisibles fronteras de asfalto caminaba el vagabundo, cegado por su búsqueda del Momento.
De noche, únicamente iluminado por farolas-sol que pintaban de un amarillo nocturno la atmósfera del cuadro donde vivía y que a su vez servían de mesa aérea para aquellos mosquitos que como cada noche se reunían a jugar al póquer.
El vagabundo acompañado de piedras, hojas, hormigas y de un recuerdo…aquella estrella rubia con el cabello azul que le guió durante algunos pasados…caminaba, cada paso vomitaba un destello azul que dejaba dibujada una huella. Caminaba, sobre un mar de adoquines esmaltados de estrellas donde se cruzó a un lagrimal que nadaba suelto. Desesperado le preguntó:
-¿Has visto al Momento?
-¿A cuál de todos? Yo busco al Momento donde fui parte de un todo. ¿Tú, a cuál buscas?
-¿Yo? Yo busco al Momento donde perdí un beso.
Se miraron. Continuaron. Separados.
Su alimento, su búsqueda.
Cansado decidió sentarse en unos cojines de canicas que se sostenían en el aire, allí al fondo del camino que había hecho, allí se quedó sentado, bañándose en una cascada de purpurina que cerraba su lienzo.
No supo nunca porqué, pero alzó la vista…observó todo el camino de huellas azules que habían creado sus pasos.
Allí, allí, en cada una, estaba un pedazo del Momento que se escondía dentro de él.
¿El beso? Perdido, esparcido, derramado en él.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario